El SENASA desarrolló una metodología de laboratorio para analizar simultáneamente once micotoxinas en alimento balanceado para aves y en huevos. El avance fue difundido este miércoles 4 de noviembre y busca ampliar las herramientas del control alimentario. El proyecto todavía debe completar su validación analítica antes de que pueda establecerse formalmente su desempeño y aptitud para las aplicaciones previstas.

La precisión sobre esa etapa es central: el organismo informó resultados preliminares favorables, pero no anunció que el procedimiento ya esté incorporado como un ensayo de rutina validado. Tampoco comunicó una alerta sobre huevos en venta, una retirada de productos o un relevamiento de contaminación en el mercado. La novedad corresponde al desarrollo de una herramienta de análisis.

El trabajo estuvo a cargo de profesionales de la Coordinación de Activos y Residuos Químicos del Laboratorio Animal del SENASA. Emplea cromatografía líquida acoplada a espectrometría de masas en tándem, una combinación identificada por la sigla LC-MS/MS. Según el organismo, permite reunir en un procedimiento confirmatorio determinaciones que, con otros esquemas de trabajo, requieren técnicas individuales o etapas adicionales.

El conjunto de sustancias comprendido incluye las aflatoxinas B1, B2, G1 y G2; deoxinivalenol; fumonisinas B1 y B2; ocratoxina A; toxinas T-2 y HT-2; y zearalenona. Son once compuestos que el equipo procura detectar simultáneamente. La publicación no cuantifica en minutos la reducción de los tiempos de análisis, por lo que el alcance anunciado es una mejora metodológica y no una velocidad específica comprobada para todos los ensayos.

Las micotoxinas son sustancias producidas por ciertos hongos que pueden desarrollarse en cereales durante el cultivo, la cosecha o el almacenamiento. La utilización de esas materias primas en alimentos balanceados constituye una posible vía de exposición para las aves. Esa conexión explica el interés en estudiar tanto el alimento que reciben las ponedoras como el huevo, sin que la existencia de esa vía permita presumir contaminación en un producto determinado.

El SENASA señaló una diferencia relevante entre ambas matrices. Para determinadas micotoxinas en alimento balanceado existen referencias europeas, utilizadas en la evaluación del trabajo. En cambio, el comunicado indica que la normativa europea y el Codex Alimentarius no establecen límites máximos específicos para esas sustancias en huevos. El objetivo planteado para esta última matriz fue alcanzar niveles de detección bajos que aporten información útil para futuros monitoreos.

La información que se obtenga con estas herramientas podrá servir para describir la situación de las muestras examinadas e identificar necesidades de seguimiento. Eso no sustituye la evaluación del riesgo ni define, por sí solo, nuevas exigencias regulatorias o medidas sobre alimentos comercializados.

El desarrollo incluyó el tratamiento de las muestras y las etapas de extracción y purificación de los compuestos. También se realizaron estudios preliminares de repetibilidad, linealidad y selectividad. El siguiente paso consiste en completar la validación de acuerdo con estándares internacionales. Para hacerlo, el organismo informó que solicitó los insumos y servicios de laboratorio necesarios; no fijó una fecha de finalización.

Los avances fueron presentados en un póster durante el IX Simposio Latinoamericano y el VI Simposio Argentino de Inocuidad Alimentaria, realizados en la Universidad Católica Argentina, en Puerto Madero. La publicación vincula el proyecto con la necesidad de generar datos para orientar la vigilancia y evaluar eventuales medidas de gestión del riesgo. Su aporte inmediato es ampliar la capacidad de investigación del laboratorio; la aplicación analítica definitiva queda sujeta a la etapa de validación pendiente.