El equipo del telescopio espacial Hubble difundió este 5 de noviembre una imagen del cúmulo estelar Messier 30 que combina observaciones de tres programas científicos. La composición reúne luz ultravioleta, visible e infrarroja cercana para mostrar distintas poblaciones de estrellas y ayudar a estudiar cómo evolucionaron estos antiguos conjuntos. La publicación no anuncia el descubrimiento del cúmulo: presenta una nueva imagen elaborada con datos obtenidos en diferentes campañas de observación.

Messier 30, también conocido como M30 o NGC 7099, se encuentra a unos 27.500 años luz de la Tierra, en la constelación de Capricornio. Su nombre proviene del catálogo de Charles Messier, quien registró objetos difusos que podían confundirse con cometas al observarlos con los instrumentos de su época. En la imagen, miles de puntos luminosos forman una concentración central muy brillante, rodeada por estrellas de diferentes colores y brillos aparentes.

M30 pertenece a la familia de los cúmulos globulares: agrupaciones aproximadamente esféricas que pueden reunir desde decenas de miles hasta millones de estrellas. Muchos de estos sistemas orbitan en el halo de las galaxias, una región extensa y poco densa que rodea sus componentes principales. La Vía Láctea tiene al menos 150 cúmulos globulares, de acuerdo con la explicación publicada por el equipo de la misión.

Su antigüedad los convierte en herramientas para reconstruir la historia galáctica. Las estimaciones para este tipo de conjuntos abarcan entre 11.500 y 13.500 millones de años, aunque ese intervalo general no equivale a una medición nueva y específica de la edad de M30. Las estrellas pueden conservar información química de las condiciones en que se formaron y, por lo tanto, aportar pistas sobre las primeras etapas de la galaxia que las alberga.

La trayectoria de M30 plantea además una pregunta sobre su origen. El cúmulo se mueve en sentido contrario a la rotación de la Vía Láctea, una característica compartida por otros sistemas similares. Los investigadores consideran que ese comportamiento podría indicar que no se formó dentro de nuestra galaxia, sino que fue capturado en un pasado distante. Es una interpretación posible de su movimiento, no una reconstrucción definitiva presentada como confirmada por esta imagen.

Uno de los conjuntos de datos utilizados proviene de un programa dirigido por Sarajedini con la Cámara Avanzada para Sondeos del Hubble. Esa campaña observó numerosos cúmulos de la Vía Láctea en luz roja e infrarroja cercana y permitió detectar estrellas con masas de apenas el 20% de la del Sol. La información sirve como una de las bases para comparar los componentes que integran estos sistemas.

Otro programa, encabezado por Piotto, volvió a observar M30 con la Cámara de Campo Amplio 3 y filtros sensibles a longitudes de onda más azules. Sus datos contribuyeron al estudio de distintas poblaciones estelares y de objetos conocidos como rezagadas azules. Una campaña posterior, dirigida por Libralato, utilizó nuevamente la Cámara Avanzada para Sondeos para analizar desplazamientos estelares a lo largo de unos quince años.

La combinación muestra por qué una imagen astronómica puede ser mucho más que una instantánea. En este caso, integra mediciones tomadas en diferentes momentos y bandas de luz. La continuidad de las observaciones del Hubble permite comparar posiciones muy pequeñas en objetos lejanos y estudiar cómo se mueven sus estrellas. El resultado publicado ofrece una nueva vista de M30 y un recorrido por las herramientas que ayudan a investigar su historia.