La NASA informó el 29 de octubre que completó una modificación para ahorrar energía en Voyager 1 y prolongar el funcionamiento de sus instrumentos científicos. La maniobra se realizó en septiembre. La agencia también confirmó que mantiene contacto con la nave después de una interrupción de las comunicaciones ocurrida entre el 18 y el 20 de octubre.

El cambio, al que el equipo llamó «Big Bang», consistió en apagar simultáneamente tres dispositivos y sustituirlos por alternativas de menor consumo. Además de reducir la demanda eléctrica, la operación debía preservar una distribución del calor que permitiera seguir trabajando a los equipos. Sin esa intervención, habría sido necesario apagar otro instrumento de Voyager 1 ya en el verano boreal de 2027.

El contacto se restableció el 20 de octubre sin que los ingenieros hubieran enviado instrucciones para resolver la interrupción. La causa continúa bajo investigación. El equipo comprobó que un grupo de propulsores dejó de operar y entraron en funcionamiento sus reemplazos, una respuesta automática de protección ante fallas. Ese dato todavía no permite dar por explicada la pérdida de señal.

El ahorro tiene un antecedente directo en Voyager 2. En agosto, la NASA había comunicado el resultado de una intervención equivalente en esa sonda, que permitió extender el horizonte de funcionamiento de sus tres instrumentos científicos. La previsión anunciada entonces era sostenerlos durante al menos un año adicional respecto del calendario que obligaba a desconectar otro antes de terminar 2026.

Las dos naves dependen de generadores termoeléctricos de radioisótopos: convierten en electricidad el calor liberado por la desintegración del plutonio. Su disponibilidad de energía disminuye alrededor de cuatro vatios por año. Por eso, después de casi medio siglo de viaje, administrar consumos pequeños puede decidir cuánto tiempo queda para obtener mediciones.

La estrategia no consiste en recargar las sondas ni en enviarles combustible. Los equipos de tierra deben reorganizar los recursos que ya llevan. Apagar un dispositivo libera energía, pero también modifica el calor disponible dentro de la nave. La solución aplicada a Voyager 2 y luego a Voyager 1 buscó atender ambas necesidades a la vez, en lugar de resolver una y comprometer la otra.

Voyager 1 fue lanzada el 5 de septiembre de 1977. Aunque partió después de su gemela, siguió una trayectoria más rápida y la adelantó en diciembre de ese año. La comunicación con la Tierra depende de las grandes antenas de la Red del Espacio Profundo. Su primera etapa estuvo dedicada a los grandes planetas: pasó cerca de Júpiter en marzo de 1979 y de Saturno en noviembre de 1980.

Durante esos encuentros obtuvo imágenes y datos que transformaron el conocimiento de sus sistemas de lunas y anillos. Entre los resultados de Júpiter estuvo la identificación de un tenue sistema de anillos. En Saturno, las observaciones de Titán mostraron una atmósfera espesa que impedía ver la superficie.

La misión cambió de escala al continuar más allá de los planetas. En agosto de 2012, Voyager 1 cruzó el límite de la heliosfera, la región dominada por las partículas y el campo magnético del Sol. Desde entonces estudia directamente el medio interestelar. Esa continuidad explica el valor de conservar sus instrumentos: no hay otra flota de sondas que pueda reemplazar sus mediciones en ese lugar. La operación anunciada ahora busca mantener abierta esa posibilidad, mientras los ingenieros investigan el episodio de comunicación.