Un ensayo del INTA Manfredi detectó una mayor acumulación de sales y sodio en suelos que recibieron riego por goteo enterrado durante doce años, en comparación con un sector sin riego. La evaluación se realizó en módulos experimentales de Córdoba y no encontró una caída de la productividad de trigo, soja y maíz. El resultado plantea la necesidad de seguir la evolución del suelo, sin convertir esas mediciones en un diagnóstico general para todos los campos que utilizan esta tecnología.

El estudio, difundido este viernes, examinó la salinidad, la sodicidad y el pH hasta dos metros de profundidad. Las muestras se obtuvieron antes de la campaña 2025/26, luego de tres años con lluvias inferiores a los promedios regionales. Esa condición pudo reducir el lavado natural de las sales y contribuir a las concentraciones medidas. La fecha de difusión de los resultados no corresponde, por lo tanto, al momento del muestreo.

Los módulos comenzaron a instalarse entre 2012 y 2013 para evaluar una rotación de trigo, soja y maíz. Utilizan agua subterránea de calidad intermedia, con sales y sodio que requieren seguimiento. El trabajo comparó cuatro configuraciones de riego con un sector de secano que mantiene la misma rotación. Se analizaron seis estratos del suelo, con separaciones entre laterales de 0,8, 1 y 1,6 metros y emisores de distintos caudales.

Las diferencias más marcadas aparecieron debajo de los 40 centímetros. En ese tramo del perfil, la conductividad eléctrica promedio fue 2,4 veces mayor en las parcelas regadas. Los valores de secano se ubicaron entre 0,5 y 0,8 decisiemens por metro, mientras que bajo riego se registraron hasta 1,8 en profundidad. La conductividad permite observar la presencia de sales solubles: una comparación entre tratamientos no equivale por sí sola a afirmar que el suelo dejó de ser productivo.

También hubo acumulación en la superficie. En los primeros veinte centímetros, la conductividad eléctrica resultó casi el doble que en secano. Aunque las mangueras aplican el agua bajo tierra, las sales pueden ascender por capilaridad cuando el agua se evapora. El ensayo mostró así que el movimiento dentro del perfil no ocurre únicamente hacia las capas profundas.

Otro indicador fue el porcentaje de sodio intercambiable. Mientras que el sector sin riego presentó valores cercanos al 3% y al 4%, las parcelas regadas alcanzaron entre el 6% y el 13% debajo de los cuarenta centímetros. Ninguna llegó al umbral convencional del 15% utilizado para clasificar un suelo como sódico. De todos modos, concentraciones menores pueden alterar su estructura y permeabilidad, por lo que el seguimiento no debe limitarse a comprobar si se superó ese umbral.

La evaluación estuvo a cargo del equipo de Suelos y Aguas de la experimental. Carolina Álvarez, responsable del laboratorio, presentó los resultados en la novena Reunión Internacional de Riego. Al ser la primera medición de este tipo desde la instalación del sistema, será necesario repetir el monitoreo para establecer cómo evolucionan los parámetros y precisar los efectos de cada configuración.

La recomendación es diseñar controles periódicos con asesoramiento profesional, mantener criterios comparables entre muestreos e incluir capas profundas. Las posibles medidas, desde favorecer el lavado de sales hasta evaluar enmiendas, dependen del suelo, la calidad del agua, las lluvias y el manejo de cada establecimiento. El trabajo aporta información para anticipar problemas, pero no demuestra pérdidas futuras inevitables ni prescribe una solución única para otras regiones agrícolas.