Un sistema de alertas solares permitió elegir el momento de lanzamiento de cohetes científicos para observar llamaradas mientras todavía estaban activas. El método fue presentado en un estudio publicado este miércoles 4 de noviembre en The Astrophysical Journal, informó la NASA. La herramienta combina observaciones del Sol para ubicar el fenómeno y estimar su duración, dos datos esenciales para aprovechar vuelos que disponen de pocos minutos de medición.
La dificultad no consiste solamente en detectar una llamarada. Estos episodios pueden desvanecerse con rapidez y un cohete necesita tiempo para despegar y alcanzar la altura desde la que sus instrumentos pueden observarlos. Si la señal llega demasiado tarde, el fenómeno puede haber terminado antes del inicio de la medición. El nuevo sistema busca reducir ese desajuste entre la aparición del evento y la llegada del experimento al espacio.
De acuerdo con la explicación de la agencia, el equipo desarrolló una alerta capaz de identificar la ubicación de una llamarada y predecir cuánto tiempo seguirá activa, dentro de los primeros minutos de su detección mediante satélites. Esa información ayudó a coordinar el lanzamiento de dos cohetes desde Alaska en abril de 2024, que lograron estudiar una llamarada antes de que desapareciera. La publicación actual presenta el método y sus resultados, no un lanzamiento realizado este miércoles.
Una versión mejorada volvió a utilizarse en mayo de 2026. En esa campaña, el instrumento FOXSI-5, la quinta versión del Focusing Optics X-ray Solar Imager, observó tres llamaradas pequeñas durante su vuelo. El experimento despegó el 14 de mayo a las 11:23, hora local, desde el campo de investigación Poker Flat, cerca de Fairbanks, a bordo de un cohete Black Brant IX.
El sistema analiza emisiones de rayos X y ultravioleta procedentes de regiones activas del Sol, áreas con configuraciones magnéticas complejas donde pueden producirse estos episodios. Entre sus fuentes de información están el Solar Dynamics Observatory de la NASA, los satélites meteorológicos GOES de la agencia estadounidense NOAA y observatorios terrestres. Combinar esas mediciones permite tomar una decisión de lanzamiento con información sobre el fenómeno que se busca estudiar.
Las llamaradas liberan energía y aceleran partículas. Su estudio ayuda a comprender procesos solares que pueden afectar el entorno espacial y tecnologías utilizadas en la Tierra. Parte de la radiación que interesa a los investigadores es absorbida por la atmósfera, de modo que los instrumentos deben elevarse por encima de ella para observarla. No alcanza con apuntar un telescopio desde el suelo a cualquier longitud de onda.
Los cohetes sonda ofrecen una alternativa de menor costo y preparación más rápida que una misión orbital. Transportan instrumentos en una trayectoria suborbital y luego regresan, sin quedar dando vueltas alrededor de la Tierra. La descripción general del programa de la NASA indica que el tiempo en el espacio suele ser de entre cinco y veinte minutos; en el caso de la observación de llamaradas descrita en el nuevo informe, la ventana útil ronda los cinco minutos.
Esa brevedad es a la vez una limitación y una característica del tipo de experimento. Permite ensayar instrumentos y realizar mediciones específicas sin construir una misión satelital completa, pero obliga a sincronizar con precisión el vuelo cuando el objetivo es un fenómeno transitorio. Una alerta que estime la duración del evento puede mejorar el aprovechamiento de ese intervalo de observación.
El equipo continúa perfeccionando la herramienta con apoyo del programa de investigadores en etapas tempranas de carrera de la NASA. La agencia señala que el mismo enfoque podría apoyar futuras campañas de cohetes, observatorios solares y trabajos de pronóstico del tiempo espacial. Son aplicaciones posibles en desarrollo: el anuncio no constituye una alerta sobre una tormenta solar actual ni anticipa interrupciones de servicios en la Argentina.




