Canadá y la Unión Europea anunciaron el cierre de las negociaciones sustantivas de un acuerdo de comercio digital y pusieron en marcha una agenda para ampliar su integración económica. La decisión formó parte de la cumbre celebrada en Montreal el 29 y el 30 de octubre, que también abrió líneas de cooperación en inversiones, materias primas críticas, energía e investigación.
El primer ministro canadiense, Mark Carney, y los presidentes del Consejo Europeo, António Costa, y de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, presentaron el programa como una Alianza para el Futuro. La declaración conjunta fija compromisos y próximos pasos: no significa que todos los instrumentos anunciados ya estén vigentes ni que las inversiones previstas hayan sido desembolsadas.
El capítulo digital busca complementar el Acuerdo Económico y Comercial Global, conocido como CETA. El entendimiento apunta a dar mayor previsibilidad a las operaciones, facilitar los flujos transfronterizos de datos y fortalecer la confianza de empresas y consumidores. Los dirigentes informaron el fin de la negociación sustantiva, una instancia distinta de la entrada en vigor de un tratado.
La relación comercial ofrece la base de esa ampliación. Según el balance del Consejo Europeo, el intercambio de bienes y servicios rondó los 130.000 millones de euros en 2025, más de un 80% por encima de 2016. La nueva agenda combina ese vínculo comercial con una mayor coordinación regulatoria y la preparación de programas sectoriales para las industrias prioritarias.
En materia financiera, Canadá y el Banco Europeo de Inversiones concluyeron la negociación de un acuerdo destinado a facilitar inversiones europeas en recursos estratégicos canadienses, especialmente materias primas críticas. Las partes también plantearon una cooperación más estrecha entre mercados financieros y trabajos para conectar sistemas de pagos instantáneos, con el objetivo de agilizar transferencias y reducir costos.
Los minerales ocupan un lugar relevante en la agenda industrial. La declaración propone favorecer proyectos a lo largo de toda la cadena, desde la extracción y el procesamiento hasta la fabricación y el reciclaje. También contempla explorar iniciativas de interés común en terceros países. El objetivo declarado es reducir vulnerabilidades de suministro y atraer capital hacia sectores considerados estratégicos por ambos socios.
Para la energía, los socios prevén realizar un estudio conjunto de factibilidad sobre exportaciones de gas natural licuado hacia Europa. El trabajo se encuadra en una cooperación de largo plazo que incluye redes eléctricas, almacenamiento mediante baterías y protección de infraestructura. Las posibilidades de intercambio de gas serán evaluadas dentro de los compromisos climáticos que mantienen ambas partes.
La cooperación tecnológica incluye supercomputación, inteligencia artificial, semiconductores y tecnologías cuánticas. Los líderes destacaron la participación canadiense en EuroHPC, la iniciativa europea de computación de alto rendimiento. Además, prevén ampliar las oportunidades de acceso a infraestructura y programas de investigación para pequeñas empresas, emprendimientos e instituciones científicas.
La agenda se extiende a las comunicaciones: se evaluarán nuevas conexiones por cables submarinos y se abrirán conversaciones sobre servicios espaciales europeos. En educación, las partes anunciaron negociaciones para profundizar la participación de Canadá en Erasmus+, junto con discusiones sobre movilidad de investigadores y reconocimiento de capacidades profesionales.
El horizonte político quedó fijado para la próxima cumbre, en 2027. Los gobiernos buscarán definir una asociación más estrecha, pero expresamente sin llegar a la membresía plena de Canadá en la Unión Europea. Por ahora, el resultado de Montreal es una hoja de trabajo con negociaciones concluidas en algunos capítulos y otros todavía sujetos a estudios, acuerdos e implementación.




