Una fotografía tomada desde la Estación Espacial Internacional y difundida este 6 de noviembre permite observar los meandros encajados del río San Juan, en el sur de Utah, Estados Unidos. La imagen muestra un tramo donde el cauce describe curvas cerradas dentro de un paisaje desértico profundamente erosionado. No se trata del río de la provincia argentina: el curso retratado atraviesa el suroeste estadounidense y se dirige hacia el lago Powell.

La captura corresponde al 6 de octubre de 2026 y pertenece al programa de observación terrestre realizado por astronautas. Un integrante de la Expedición 75 la obtuvo con una cámara Nikon Z9 y una distancia focal de 400 milímetros. La publicación permite apreciar desde arriba una geometría que, a nivel del suelo, se reconoce por las paredes del cañón y las sucesivas vueltas del agua. El archivo fue recortado y ajustado en contraste, además de corregirse artefactos de la lente.

En el parque estatal Goosenecks, el río circula por un cañón de aproximadamente 300 metros de profundidad. Algunas curvas tienen forma de herradura y hacen que el cauce casi vuelva sobre sí mismo. En uno de esos sectores, el agua debe recorrer 8,9 kilómetros para unir dos puntos separados por apenas 2,1 kilómetros en línea recta. Esa diferencia ilustra la sinuosidad que distingue al lugar.

La explicación del paisaje comienza mucho antes de la existencia del parque. En una etapa geológica anterior, el San Juan recorría una llanura relativamente plana, formada en un antiguo ambiente marino. Sin grandes obstáculos de relieve, podía desarrollar un trazado largo y sinuoso mientras descendía gradualmente. Las curvas no surgieron, por lo tanto, únicamente como respuesta al cañón que hoy se observa: el río ya serpenteaba antes de profundizar su recorrido.

El cambio llegó con el ascenso de la meseta del Colorado. Una de las interpretaciones sobre las etapas más recientes de ese proceso sitúa un impulso del levantamiento hace alrededor de 20 millones de años. La elevación de las cabeceras habría aumentado la pendiente del río y acelerado el flujo. Con mayor capacidad erosiva, el agua comenzó a excavar su trayectoria a través de rocas de unos 300 millones de años.

Esas edades describen fenómenos diferentes. Los 300 millones de años corresponden a las rocas atravesadas por el cauce, mientras que la referencia a 20 millones de años forma parte de una explicación del levantamiento regional. La historia de la meseta continúa siendo objeto de estudio. La imagen orbital permite reconocer el resultado visible de esa evolución, pero no constituye por sí misma una medición nueva de la edad del relieve.

El atractivo del área no termina en la geología. Su ubicación remota, en un desierto de altura, y la amplitud del horizonte favorecen la observación del cielo. Goosenecks obtuvo la designación de parque internacional de cielo oscuro en 2021. Desde allí pueden distinguirse a simple vista objetos como el doble cúmulo de Perseo y la nube estelar Messier 24, en la región de Sagitario de la Vía Láctea.

Durante noviembre, esos cielos oscuros también ofrecen condiciones para observar las lluvias de meteoros Táuridas del Norte, Táuridas del Sur y Leónidas, cuyos máximos se distribuyen a lo largo del mes. La recomendación de buscar un lugar alejado de la contaminación lumínica cobra especial sentido en un parque reconocido por la oscuridad de su cielo y por sus vistas abiertas del horizonte.